Let’s Festival Día 4: Iván Ferreiro y Llorer por Antonella Sonza

El Let’s Festival ha cogido carrerilla y, en su segundo fin de semana de directos, nos preparamos para ver uno de los conciertos más esperados del festival: el del indiscutible cabeza de cartel, Iván Ferreiro. Con él, Llorer iban a subirse al escenario del Salamandra para demostrar que han llegado a la escena para quedarse.

Comenzamos con el directo de Llorer, una banda joven catalana con una ristra de premios en sus vitrinas: Joves Sarrià 2013, Altaveu Frontera 2013 i Sona 9 premi èxit 2013. Al frente, Laura Forner a la voz y guitarra acústica, imprimía sensibilidad a cada nota de sus canciones. Toda una personalidad bajo los focos, que como compositora tiene un aura especial, lo pudimos escuchar en canciones como Mai Més o Tu Dius Jo Dic. Después de sacar su lado tierno, para el final del concierto se vinieron arriba animando al personal con una performance con timbales y todo. En la pre entrevista que les hicimos antes de salir a matar, nos dijeron que lo único que quieren es tocar y hacerse oír. Pues bien, formar parte del Lets Festival seguro que es el mejor altavoz para que, en el futuro, oigamos más cosas de ellos.

Después de un impass, en el que buscamos la típica cerveza, la 1 de Salamandra se llenó hasta los topes. Una pantalla blanca cubría el escenario, a modo de telón, por lo que la expectación era doble: todos queríamos mirar detrás, a ver qué se cocía, como en el típico chiste. Mientras, nosotros tuvimos la oportunidad de hablar con Iván Ferreiro, el hombre tranquilo. Con pajarita y traje, nos confesó, con gran simpatía, quién es M (momento fan), que de joven pensaba que los chicos de El Último de la Fila lo espiaban y escribían sobre él, que le flipa lo último de Damon Albarn (quien lo iba a decir) y que siempre quiso hacer música. Después de este previo, era de esperar que saliéramos ahí fuera con ganas de ver el mejor concierto de lo que llevamos de 2014. Y, en cierta manera, se puede decir que así fue.

Se abre el telón, y aparecen seis hombres elegantes, algunos repeinados y otros no tanto, y suena una versión muy teatral de una famosa canción de samba. ¿Qué pasa después? Que comienza Turnedo, ESA canción. Como es lógico, el público se emociona, y, por un momento, cada uno de los presentes se olvida que está ahí en medio de una sala atestada de gente, y se teletransportan a la intimidad de su habitación, o a ese momento en la ducha en la que cantas hasta desgarrarte la garganta, y tan a gusto. Esta fue un clásico, pero estábamos ahí para zambullirnos en su última creación, aunque ya ha pasado un año: Val Viñor-Madrid, Historia y Cronología del Mundo. Un mundo que ha creado de la nada y que, a su vez, lo ha hecho resucitar como una persona totalmente nueva. En este disco abandona el tono oscuro de largos anteriores. Maravillosa oscuridad, que fue combustible para construir su obra cumbre, Picnic Extraterrestre. Ahora, la felicidad y el optimismo han llegado a su vida, y a sus letras. Lo pudimos sentir en canciones como El Bosón de Higgs, Bambi Ramone (hitazo), Chainatown, Alien vs Predator o Pájaro Azul, que ya tienen un huequito en nuestro torturado corazoncito.

Pero hablando de corazoncito, allí nos llegó rescatando canciones que para todos tienen un significado distinto, íntimo. Vidas cruzadas, Espectáculo, NYC o, ya directo a la fibra sensible, con Mi Furia Paranoica, con la que cerró el concierto. No fue tarea fácil verle marchar: hasta dos veces nos dio a elegir a votación entre dos canciones, y acababa cantando las dos, lo que llevó al público a pellizcarse para averiguar si lo que veían era real o un sueño húmedo.

Pero antes de acabar, no podemos dejar de destacar el highlight, que hizo aún más completa la noche, cerrando el círculo: el momento en el que miró hacía atrás para dar vida a hits de su época pirata como Promesas que no valen nada (en la que el público cantó al piano el 75% de la canción y acabó en mashup con Insurrección, de El Último de la Fila), Inerte (la hitazo de ahora y siempre), la preciosa M, o la genial Años 80. No sabemos quién acabó más afónico, si Iván o el público, pero fue una noche de emociones a flor de piel, de garganta irritada y de sonrisa perenne. De celebración del optimismo y los nuevos comienzos, del viaje como experiencia vital y de la historia como lo que nos lleva al punto en el que estamos. Un concierto difícil de superar, un recuerdo que guardaremos cuál tesoro. “Será como aquella canción….”

Realizado por Play On Barcelona (http://www.playonbarcelona.com) para Salamandra (http://www.salamandra.cat)

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